(Sobre los actos provechosos y los que no lo son tanto) Existe lo que nos beneficia y lo que nos perjudica.

Hay pasos que nos conducen hacia lo que nos construye y pasos que nos llevan a lo que nos destruye.
Acciones que nos edifican y acciones que nos derrumban.
Elegir lo que nos bendice es elegir sabiamente.

No todos los alimentos nos nutren igual, hay unos mejores que otros; incluso hay algunos que pueden matarnos. No todos los lugares son buenos para descansar, ni todos los líquidos nos quitan la sed. Tampoco todas las palabras son igual de enaltecedoras, ni todos los pensamientos son constructivos…no todas las acciones nos llevan al destino que deseamos.

Hemos hablado ya varias veces del primer e inalienable regalo que Dios nos da: el libre albedrío. Hablemos ahora de usarlo bien.

Hace unos siglos, y aún en la actualidad, varias religiones esclavizaron un poco la voluntad humana en su afán por evitar que se hiciera el “mal”. La forma en la que eligieron hacerlo fue sembrar miedo a futuros tenebrosos de dolor indecible (infiernos imaginarios). Para evitar el sufrimiento eterno posterior, la gente se metió en un infierno actual y presente. La gente se impuso un camino que restringía sin dar crecimiento. Se impuso una tarea que pedía enormes esfuerzos sin dar frutos nobles.

Después de varios siglos de esclavitud, hay ahora algunas personas que están buscando liberarse, de los efectos de esa esclavitud (en mi opinión, las religiones no fueron verdaderamente las culpables de todo esto, sino solamente la manifestación externa de un estado interior). Así que se han movido al otro lado del péndulo: piensan que nada les perjudicará. Incluso hay personas que siguen con ardor su camino espiritual y creen que no hay ética que valga. Que todo da lo mismo, porque “todo”, dicen, “es parte de Dios. Y yo soy uno con Dios y con todo lo que Él creó”. Y así es como enseñanzas sublimes se usan de forma ingenua muchas veces…y perjudicial, algunas otras. Todo es creación de Dios, o todo se hace con el poder creativo de Dios, y aún así hay medicinas y venenos. Puede que todo tenga el mismo valor intrínseco (puesto que Dios está en todo) pero no todo tiene el mismo valor manifiesto (porque expresan diversas cualidades).

No es lo mismo seguir una dieta saludable que pasar hambres. Y quien quiere un futuro saludable cuida lo que come. De la misma manera, no es lo mismo elegir nuestras acciones (lo que haremos y lo que no haremos) que tener una voluntad esclavizada. Antes bien se trata de ejercitar esa voluntad libre en elegir lo que es mejor para nosotros. Y quien quiere un futuro espiritual saludable elegirá con cuidado los hábitos que hará parte de su vida y aquellos otros que desechará.

Alguien escribió en la Biblia: “Todo me es permitido, pero no todo me es provechoso”. Tenemos libertad para todo, pero no todo nos traerá aquello que deseamos. Saber que hay caminos que conducen a un destino luminoso y que hay otros caminos que conducen a un destino aciago. Saber que cada uno lleva solamente a su propio destino, y que no se puede cursar uno para llevar a donde el otro conduce. Saber que debemos elegir el camino teniendo presente dónde queremos estar y que también al elegir el camino estamos eligiendo el destino, lo queramos o no. Saber que tenemos libre albedrío y que no es posible torcer las leyes naturales, sino solamente elegir bajo cuál nos cobijamos. Saber todo esto, es actuar libre y sabiamente.

De nuevo: hay cosas que nos fortalecen y cosas que nos debilitan. La ética personal, íntima, es la ciencia de saber colocarnos en una posición que nos brinde poder, belleza, protección y crecimiento…que nos brinde Paz, Amor y Libertad. Elegir lo que es provechoso para mí me convierte en una persona ética. Descubrir lo que en verdad me beneficia refina el conocimiento de mí mismo y del universo en el que vivo. Así que, en la misma línea pero en dirección contraria, podemos saber si lo que estamos haciendo es verdaderamente ético al preguntarnos: ¿Soy más feliz, saludable y poderoso? ¿Estoy más en Paz conmigo mismo y mis hermanos son más felices a mi alrededor?

¿Lo que quiero compartir? Que actúes sabiamente escuchando tu sabiduría interior y que, una vez que has actuado, perfecciones esa sabiduría interior observando los resultados del mundo exterior.

Que el manto de tu luz y tu sabiduría nos cubra a todos, protegiéndonos del frío y de las tinieblas de la ignorancia y el miedo. Que la antorcha de tu libertad nos alumbre sin quemarnos. Y que tus pasos te llevan a un feliz destino.

El Loco