“Aprender es cambiar” Y la vida es un maestro paciente que repite la lección hasta que la aprendemos. Así que cambiar es lo único que podemos hacer para abrir un nuevo capítulo y convertirnos en buenos discípulos de la vida.

Lo malo no es el cambio que parece presionar desde fuera a quien internamente quiere quedarse estático. Lo malo es esa resistencia a reconocerse como parte de este Universo en constante transformación. Todo cambia. Y ten en cuenta que el movimiento no tiene que ser caótico aunque así lo sientas.Todo tiene un orden; incluso el caos. Así que conserva la paz de tu corazón mientras todo se transforma. Mientras tú mismo te transformas y te mueves en la dirección que tu corazón quiere llevar. Confía en Dios. Confía en la naturaleza. Confía en la vida. Confía en ti: todo estará bien. No temas a lo que parece quitarte la transformación. Conservarás lo esencial. Participa con entusiasmo y ábrete a todo lo nuevo que te traerá. En su momento tendrás que elegir de nuevo y volverás a (o tendrás que) conservar lo esencial para ir a donde debes (o quieres) y transformarás una vez más todo lo que es necesario. Dios te ayudará a hacerlo y te acompañará en el proceso.

Todo estará bien. Hace poco dije que lo único que necesitamos para dejar de sufrir es soltar lo que nos hace sufrir. Y algunas personas me dijeron que hay situaciones en las que esto no es cierto, o situaciones en las que es demasiado laborioso o doloroso hacerlo. Bien, debo reconocer que hay una segunda parte en la receta. Una segunda parte que no se mencionó y que se aplica a esas otras situaciones en las que el dolor no se va al intentar soltarlo. Esa segunda parte es el compromiso con lo que uno es o lo que uno quiere (cuídate de querer solamente las cosas que te hacen bien). Comprometerte a cambiar es comprometerte a alinear tu Voluntad con tu Esencia.

Hay que tener sentido común y saber que hay por lo menos dos situaciones básicas que nos pueden causar infelicidad: abrazar lo que nos daña y no tomar lo que necesitamos. Desde luego, si estás sujetando un carbón encendido deberás soltarlo, esta es la forma de proceder en este caso. Pero si tienes hambre, la cosa no cambiará con el hecho de que trates de “soltarla”, o de pensar que no necesitas alimento, o que todo cambiará pronto; lo que necesitarás en este caso es comprometerte a conseguir alimento.

Esto es muy simple y muy efectivo. Y puede aplicarse tanto a los asuntos físicos como a los emocionales.

En un sentido, comprometerse a cambiar es también otra forma de soltar. Comprometerse fielmente con lo que uno quiere es una forma de soltar completamente lo que uno no quiere. Cambiar es alinearse con lo que uno es verdaderamente y pactar la búsqueda de lo que queremos.

Aliviarnos del sufrimiento supone algunas veces vomitar el veneno y otras veces supone comer manjares nutritivos.

Hay formas de comprometernos con el cambio. Todas ellas implican ACTUAR en una forma y dirección determinadas. Las distintas corrientes espirituales las han tomado como parte de sus consejos de desarrollo. Hay distintas maneras de abordarlos y distintos aspectos a abordar. Con amor te presento lo siguiente para dar una idea de qué hacer ante algo que nos causa sufrimiento:

* Para abordar los problemas, primero hay que tener en cuenta que algunas situaciones no se pueden cambiar. Esas hay que aceptarlas y corregir solamente nuestra percepción de las mismas. La inalterabilidad de la muerte del cuerpo físico es buen ejemplo de esto.

* Hay problemas que sí se pueden solucionar. En el mundo exterior podemos influir a veces más y a veces menos; dejaremos esto fuera del presente texto. Nos concentraremos en los métodos para comprometernos con el cambio que podemos utilizar dentro de, y con nosotros mismos: evitación, sublimación y adopción (o cultivo).

1.- Evitación. Supongamos que sabes que beber mucho alcohol te hace daño. En esta manera de comprometerte con el cambio simplemente dejas de beberlo, aunque te cueste trabajo.

2.- Sublimación. Hay algunas cosas que no son directamente dañinas para nosotros, sino que lo malo es la forma en la que las usamos. Los vicios que se basan en necesidades naturales como la comida, el sexo y el dinero, pueden solucionarse bien así. Sublimar implica usarlos de forma más sabia o en canales diferentes. Por ejemplo, un deseo sexual desmedido puede sublimarse usándolo amorosamente con la compañía adecuada o re-dirigiéndolo a la creación artística.

3.- Adopción. Aquí abrazas o cultivas un hábito positivo que es nuevo para ti. No lo evitas, porque es bueno; y tampoco lo puedes sublimar, porque no lo tienes. Simplemente sabes que es bueno y lo adoptas. Como ser amable cuidando todas tus palabras, tomar un voto ético, dar el 10% de tu dinero para obras de caridad, decir la verdad o comprometerte a meditar diariamente, etc. Cualquier cosa directamente “buena” o “deseable” que quieras tener presente en tu vida, y que no la tengas, puede ser activamente adoptada. Esta es una tercera forma de comprometerse con el cambio.

Toma en cuenta que la vida aquí no es fácil, pero puede ser muy dichosa. Los demás no se ajustan a nuestros caprichos; tampoco el mundo, ni siquiera nosotros mismos. La verdad, es que no todo es placer en la vida. Hay algunas cosas en las que nos piden a cambio esfuerzo o dolor. Y nosotros decidimos qué queremos dar. Aceptemos esto como una realidad y decidamos bien.

Participa en el cambio. Participa en la transformación. La vida fluye como un río. Y recuerda que todo río tiene una dirección. No puedes elegir dejar de cambiar, pues estarás cambiando constantemente. Pero sí puedes elegir en qué dirección cambiar. Puedes elegir con cuál río fluir. Acepta la responsabilidad de ir en la dirección que deseas. Abrázala, porque bien vista es el derecho que tienes de fluir hacia tu destino con amor, sabiduría y poder.

Comprométete con el cambio.

Comprométete contigo.

Comprométete aquí y ahora.

Libérate de todo lo que no eres y saca de tu sistema lo que te intoxica.

Abraza a tu verdadero Ser, a tu paz y a tu dicha. Trátate con Amor.

Comparte tu verdadero Ser con tu Dios y tus hermanos.

Sé feliz.

Y reconócete como bendito. Pues lo eres

El Loco
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