Parte 1 aprender el arte de vivir

Tú quieres ser feliz. Y tu vecino quiere ser feliz. Y todos buscamos una forma de serlo. Sabemos que podemos aprender el arte de vivir.

Y comprendemos que nuestro tiempo es limitado, que el tiempo que dediquemos a educarnos será parte misma de nuestra vida: parte de nuestra sangre, nuestros suspiros y esfuerzos. ¿En qué piensas cuando piensas en educación? ¿Eres un ser humano que se está educando?

Hay una educación útil, inteligente, poderosa. Una educación que nos permite sacar lo mejor de nosotros mismos y compartirlo con los demás. Una educación que nos vuelve sabios, sensibles, auténticos, sinceros y felices. Una educación que respeta lo que somos y, consecuentemente, lo que son los demás, lo que es el medio ambiente y el mundo. Una educación que tiene afinidad con el verdadero significado de la palabra, que procede del latín “educere”, que significa: extraer, obtener de dentro.

Hay una educación falaz que nos quita el tiempo, la vida y las ganas de ser y de hacer. Una educación que nos llena de miedo y traiciona su propio objetivo, haciéndonos más torpes en lugar de más hábiles. Una educación que nos impide observarnos y conocernos, nos niega la posibilidad de expresarnos verdaderamente y de contribuir con lo que verdaderamente queremos (y debemos) dar al mundo, por indicación de lo que nuestro corazón sabe que debe (y quiere) dar por legitimidad sagrada. Una educación que atropella el libre albedrío, que enseña a ultrajar la libertad de los demás y mancillar la integridad del medio ambiente y el mundo. Un acto vulgar que, más que por la palabra educar, es descrito por la palabra amaestrar. Quizás en algo relacionado con esto pensaba Boris Pasternak cuendo dijo que “el hombre nace para vivir, y no para prepararse a vivir.”

Hay algunos aspectos importantes que deben ser aprendidos. Todos reconocemos cuáles son, pues sabemos que difícilmente podremos comunicarnos, relacionarnos o hacer negocios sin ellos; o el sentido común nos indica que los necesitamos para no ser presa fácil de personas sin escrúpulos o para poder hacer llegar nuestro mensaje y nuestra labor con la fuerza suficiente. Es muy útil aprender a hablar el idioma que hablan las personas a nuestro alrededor o el idioma que hablan las personas con las que queremos entablar una relación. Aprender a leer y escribir es algo que usamos prácticamente todos los días de nuestra vida (por cierto, gracias por estar leyendo estas líneas). Es muy conveniente aprender a sumar, restar, multiplicar y dividir (sólo unas pocas profesiones necesitan conocimientos de matemáticas más avanzados que estos). Aunque los padres mandan a sus hijos a la escuela a acumular un montón de conocimientos para tener prosperidad económica, en realidad sólo estas habilidades más un poco de disciplina y buena voluntad hacia los demás son suficientes para conseguir esa estabilidad económica.

¿Y qué hay del desarrollo de todas las potencialidades del ser humano? ¿Por qué no se dedica más tiempo y esfuerzo a eso? ¿Por qué nos permitimos gastar tanto tiempo acumulando conocimientos que sabemos bien que son inútiles o hasta perjudiciales?

Benjamín Franklin decía (esto es una paráfrasis) que debía todo el éxito que tuvo en vida a sólo dos cosas: la integridad de su carácter y su habilidad para tratar a otras personas. ¿Por qué distraernos entonces con cosas superficiales?
Podemos confiar un poco más en que Dios sabía lo que hacía cuando nos creó. Que tenemos dentro lo que necesitamos no sólo para sobrevivir, sino también para auto-realizarnos y servir a otros. Confiar en que ahora está dentro de nosotros y que podemos dejarnos bendecir, ser guiados por la intuición y obtener los conocimientos que nos resultan verdaderamente útiles.

El abismo entre lo que nos han dicho que el mundo es y lo que nosotros hemos observado a veces parece insalvable. Y debido a esto experimentamos miedo; miedo a que todo lo que hemos percibido sea falso y nuestras intenciones irreales. Este es uno de los peligros del bombardeo indiscriminado de información al que nos hemos sometido: que terminemos desconfiando de nuestros sentidos y de nuestra mente; que anulando nuestro sentido común y nuestra intuición, terminemos anulándonos como personas.

Hermana, hermano, por favor, confía en ti. Confía en lo que todo tu ser te dice que es tu don. Compártelo. Compartiéndolo crecerá, y también serás más feliz de lo que eres ahora. Confía en que, si se lo permites a Dios y te lo permites a ti, se manifestará la mejor forma de desarrollarte como persona, más allá de cualquier plan de estudios ideado por un tercero. Si tienes que elegir entre confiar tu idea del mundo que te rodea a lo que te dijeron los demás, o a lo que tú has percibido directamente, por favor, confía en ti. Claro, ábrete a escuchar a los demás y a aprender de ellos, pero no a costa de traicionarte a ti mismo.

Si me permites una cita más aquí, Pitágoras aconsejaba a sus discípulos “que nadie, por sus dichos o por sus actos, te conmueve para que hagas o digas algo que no sea lo mejor para ti.” Es decir, confía en ti. Una partícula divina habita en tu interior.

Lo que recibimos en las escuelas actuales es domesticación. Talvez los filósofos griegos educaban a sus discípulos, pero lo que recibe el ser humano en las instituciones actuales es un adiestramiento. La educación actual está enfocada en hacer un ser humano lo suficientemente capaz para ejecutar una orden, pero no tanto como para cuestionarla y actuar con libertad. Observa con atención el mundo que te rodea, ¿cuántas cosas se hacen porque “tienen que hacerse” o porque “así es el sistema”? ¿Te das cuenta de que hay un modelo en marcha que no se interrumpe aunque no satisfaga la inteligencia ni los sentimientos del ser humano?

La educación busca extraer lo mejor de ti. La educación a la que quiero referirme en estas líneas (la educación que debieron procurarte y a la que tienes derecho) es aquella en la que te observas lo suficiente para saber qué es lo más valioso en ti y después te alienta a que lo manifiestes, lo traigas al mundo y lo compartas con tus hermanos. Es una atención positiva que también te permite descubrir por ti mismo cuáles son las tendencias de temperamento y los factores ambientales que te están impidiendo manifestar lo mejor de ti. Es una educación que te permite obtener los conocimientos que son verdaderamente provechos para ti y, sobre todo, revelar lo mejor de tu individualidad.

La verdadera educación quiere descubrirte. La falsa educación quiere definirte.
La verdadera educación quiere manifestarte. La falsa educación quiere anularte.

La educación que no te dieron, te la puedes regalar tú. Eres tú quien siente el llamado en su interior y eres tú quien regalará lo mejor de sí a Dios y a sus hermanos.

Confía en ti más que en los conocimientos que te inculcaron. Limpia lo que debe ser limpiado. Exterioriza lo mejor de ti. Obtén la preparación indicada para expresar tu misión en la vida.

Cuando lo hagas te darás cuenta de que educarte, “sacar de adentro”, era tan importante porque al hacerlo le permitirías a Dios salir y hacer a través de ti lo que quiere hacer en este mundo.

Parte 2 - Como es el árbol son sus frutos

Se dice a menudo que vivimos actualmente una crisis de valores. Los hijos no respetan a sus padres y no quieren trabajar. La meta del trabajo parece ser únicamente conseguir dinero, sin importar el daño que se haga en el proceso de adquirirlo; en algunos casos, adquirir dinero no es únicamente la meta del trabajo, sino también la meta de la vida. Nos hemos encarrilado, como sociedad, hacia un estilo de vida en que el placer es la única cosa que queremos o podemos disfrutar, y hemos olvidado que nuestra constitución física tiene unos límites muy claros para la cantidad de placer que puede gozar, más allá de los cuales empieza a convertirlo en dolor corporal y angustia mental. Los médicos proclaman con orgullo que han prolongado muchos años la esperanza de vida de los cuerpos humanos pero no dicen que la persona promedio en un país del primer mundo puede esperar pasar más de una década al final de su vida sin poder valerse por sí misma. Muchas personas padecen de algún tipo u otro de sintomatología mental que pretenden taponar con píldoras. Y lo triste de todo esto no es la descripción misma de la situación, que podrá parecer digna a algunos y vacía a otros, sino la experiencia que está acompañando internamente al ser humano mientras vive todo esto: la desdicha.

La naturaleza del hombre es mucho más noble de lo que actualmente mostramos. La responsabilidad moral es tan natural como mirar lo que vamos a comer y mirar lo que eliminamos al completar la digestión. Pero no puede haber actos alineados con la verdadera naturaleza del hombre si el hombre no se conoce. Y no puede haber actos responsables si no comprende que con ellos se está dando forma a sí mismo.

Estamos ante una crisis de alienación del ser humano ante su verdadera esencia y de negligencia con respecto a los actos que decide emprender, cuyos resultados, sin embargo, no puede dejar de experimentar. Una crisis que se manifiesta en sensibles resultados indeseables y en la insatisfactoria experiencia subjetiva que provocan. Una crisis que, no obstante, puede ser eliminada si el individuo decide educarse adecuadamente.

Los aspectos que quiero invitarte a reflexionar en este texto con respecto a la educación son dos:
1.- Dos orientaciones importantes de la verdadera educación: conservar la vida y realizar al Ser.
2.- Hacer un llamado a la educación formativa.

La persona debería cuidar del bienestar de su cuerpo y del progreso de sus asuntos materiales, así como satisfacer las necesidades básicas de los individuos que dependen de ella. Una sociedad está formada por individuos y puede ser saludable si los individuos se ocupan de su bienestar y comparten con los demás para multiplicar el bienestar del conjunto. Lo que escribimos más arriba no lo dijimos para descuidar los aspectos terrenales de la existencia. Lo escribimos para que esto se cuide apropiadamente, sin traicionar las dimensiones superiores del ser humano, sin violar las leyes naturales y sin renunciar a nuestra propia responsabilidad por el bienestar (no lanzarla sobre los políticos, los gobiernos, los patrones, o el destino). Hay que fomentarlo, como guardianes y capitanes de nuestra propia vida…y también ponerlo en contexto: es una necesidad vital primaria pero no por eso suprema y trascendental.

Actualmente se dice a menudo que el ser humano no es un cuerpo que ocasionalmente tiene una experiencia espiritual sino un ser espiritual que está teniendo una experiencia corporal. Y ciertamente es muy importante que el cuerpo se mantenga saludable, que se le vista adecuadamente y que se pueda proteger bajo un techo que resulte cómodo y seguro. Esas son necesidades, y el ser humano se desarrolla mejor cuando puede satisfacer sus necesidades. Obtén el dinero necesario para esto, es justo y necesario, pero no confundas la lista de víveres con el mapa de ruta. Tu vida tiene un destino más noble y un propósito superior.

Así que, si mantener el cuerpo es una necesidad, realizar el Ser es el objetivo. La vida humana está hecha para eso. Para que podamos conocernos en nuestra mayor profundidad; para que conozcamos los cielos de nuestra alma y las profundidades de nuestro corazón. Para que seamos reyes de la creación; pero no matando y destruyendo la vida de este hermoso mundo en que vivimos, sino conservando nuestra plenitud y libertad interiores ante los altibajos que nos presenta esta vida hermosa que apenas empezamos a comprender, ya que, ¿quién sabe? Talvez la vida es estable y hermosa y sólo nosotros percibimos bruscos altibajos debido a nuestra propia hosquedad interior. ¿Cuántas personas conoces que teniendo lo que muchos buscan (dinero, fama, belleza, comodidad) siguen siendo infelices? Van por mal camino al buscar su felicidad y la gente sigue ese camino, pese a que cada vez los ve más inmersos en esas arenas movedizas. Piensa en la persona más feliz que hayas visto. Por favor, aunque sea unos breves momentos, hazlo. Estás recordando a una persona generosa, que no hace daño a los demás y que los ayuda en lo que puede, que es recta y honesta, que se dedica a lo que ama y que no convierte sus caprichos en necesidades…que acepta al mundo en lugar de odiarlo y que se perfecciona en lugar de criticar. Cuanto más lejos podamos llegar en nuestro interior tanta mayor plenitud podremos descubrir porque la felicidad, al igual que el oro, se encuentra buscando profundamente y con atención. Y con la manifestación de esa riqueza interna, una vez encontrada, multiplicaremos la alegría que experimentamos (y la que experimentan quienes nos rodean). Esto es realizar el Ser. Esto es lo más importante. Y puede hacer sin descuidar lo mundano.

La educación, en opinión de mucha gente, debería ser formativa. Yo apoyo esa moción. Se ha supuesto últimamente que dar información es la mejor educación, que el individuo con la suficiente información hará lo correcto, así que hartamos de datos a los estudiantes. Los resultados demuestran que esta hipótesis es falsa. Los jóvenes se resienten con el sistema y observan claras deficiencias en su aprendizaje. Pero la culpa no es de ellos: la responsabilidad es de un sistema que olvida que son seres humanos y los trata como ordenadores. La educación debe ser, ante todo, formativa. Se trata de formar (reflexiona en esta palabra) al ser humano que pisará el pasto durante las próximas décadas, a la generación que determinará si habrá o no un mundo para tus nietos, a los médicos que curarán a tu mamá, a los padres que amarán a sus hijos y no solamente los engendrarán, a los seres humanos que, por fin, podrán compartir su felicidad y no su frustración. Y para esto son necesarios preceptos adecuados y una disciplina de vida. Porque la disciplina protege un curso de acción, y los resultados sólo son consecuencia de los actos.

Parte 3 – Un ser humano libre

Esto decían los Rishis de la India a sus estudiantes:
“Digan la Verdad. Cumplan su deber. No descuiden el estudio de los textos sagrados. No se desvíen de la verdad. No se desvíen del deber. No descuiden su bienestar. No desatiendan su prosperidad. No menosprecien el estudio y las enseñanzas de los textos sagrados. No olviden sus deberes hacia Dios y hacia sus antepasados. Que la madre sea su Dios. Que el padre sea su Dios. Que el maestro sea su Dios. Que el huésped sea su Dios. Que sus acciones sean intachables. Realicen aquellas tareas que sean buenas, y ninguna otra.”

El texto es magnífico y una cantidad considerable de individuos siguiendo estas enseñanzas podrían formar una sociedad bellísima. Pero también hay tantas tonterías asociadas con las palabras “bueno”, “deber”, “textos sagrados”, etc., que bien vale la pena buscar algo de vida en las palabras arriba citadas. ¿Te parece bien si intentamos separar el grano de la paja en las siguientes líneas? Recuerda que es sólo mi opinión, y que lo que tú piensas debe ser más importante para ti que lo que pienso yo. No puede ser de otra manera.

Digan la verdad: para mí, implica no solamente ser honestos con nuestras palabras desde el punto de vista de no engañar a nadie deliberadamente, sino también que estudiaremos con diligencia nuestro interior y las leyes de la naturaleza de forma que lo que decimos sea recto en la intención a la vez que profundo en los fundamentos y la realidad que esa honestidad expresa. Y también es importante que nuestras acciones apoyen nuestro discurso.

Cumplan su deber: no trata de hacer lo que la sociedad espera de ti. No implica que te volverás ingeniero si tu padre lo desea o que te casarás con quien tus tías quisieran. Sí tienes unos deberes para con tus semejantes; yo pienso que sí deberías mantener la vida y el bienestar de los hijos que engendras, cuidar a tus padres y contribuir con algo positivo a la sociedad en la que vives. Pero que tu deber principal no es complacer a otros sino realizarte tú. Para cumplir los deseos de otros están otros. Lo nuestro es cumplir nuestra misión y esa está grabada con letras de oro y de fuego en nuestro corazón. El Bhagavad Gita pone: “la natural inclinación a determinada actividad de la vida, acompañada de la aptitud para ejercerla, ha de seguirse y realizarse como un deber”. En otras palabras, si tu corazón de llama hacia allá y tienes aptitudes para ello (o la voluntad de desarrollarlas) ha de ser porque Dios quiere que lo hagas. Eso es tu deber. Eso es lo que tienes qué hacer.

No descuiden el estudio de los textos sagrados: hay un monje tailandés que dijo que “el sincero respeto a los textos consiste en tomarlos como un desafío: poner sus enseñanzas seriamente a prueba para ver si, de hecho, son ciertos”. No me gustaría que la gente ande con cara triste o reprimiendo su vida por temor. Pero piensa en esto: algunos textos han sobrevivido durante miles de años ¡algo bueno deben de tener! El Quijote lleva vivo 400 años y se sigue considerando valioso. Hay cosas que se crean hoy y se olvidan mañana. Lo valioso también es duradero. En mi opinión, debemos aprovechar esa sabiduría. Con lo que sí debemos tener cuidado es con las personas que utilizan esos textos para meternos miedo y tristeza. Lo que nos interesa es aprovechar la sabiduría para vivir mejor, no peor.

No se desvíen de la verdad: no te desvíes del deber. Recuerda lo que es importante. Hoy vives y mañana te mueres. Vive hoy lo que es primordial.

No descuiden su bienestar: el resultado del bien pensar, del bien decir y el bien hacer, es el bien estar. Si crees que estás haciendo todo correctamente, y estás mal, te tengo noticias: ¡hay mucho qué cambiar! Cuida tu bienestar, no te enfermes trabajando o ganando dinero: recuerda que el dinero es un medio y no un fin. Y que el trabajo tiene la misión de ayudarte a realizarte y a servir a los demás.

No descuiden su prosperidad: digámoslo de una vez por todas: tener dinero es bueno. ¿Con qué pagas tu comida, tu ropa y tu casa? ¿Y con qué haces caridad? Es cierto que mucha gente gana dinero a través del hurto y la depravación, pero aquí no estamos hablando de eso. Estamos hablando de ser útil, de ser astuto, de ser moderado y de saber compartir. No descuides tu prosperidad.

No desprecien el estudio y las enseñanzas de los textos sagrados: una vez más, recuérdalo: hay mucha sabiduría en los hombres y mujeres que vivieron antes que tú y que dejaron su testimonio y su conocimiento. Encontrarás algo valioso para ti.
No olviden sus deberes hacia Dios y hacia sus antepasados: talvez no haya mucho de bueno en sentirte en deuda con los que murieron, como si estuvieras en números rojos. Sólo recuerda ser tú y ser útil. Otros se esforzaron para que tú vivieras. Y hay un Creador que te sostiene. Hónralos. Yo agregaría que recordemos también nuestros deberes para los que habrán de venir. Los indios norteamericanos aconsejaban que, al tomar una decisión, reflexionaran en cómo afectará esa decisión a la séptima generación siguiente.

Que la madre sea su Dios. Que el padre sea su Dios. Que el maestro sea su Dios. Que el huésped sea su Dios: podemos llegar a pensar que Dios está muy lejos y que lo veremos dentro de mucho tiempo, después de haber soportado durante 70 o 100 años a esta “bola de mezquinos”. Recordemos que, como tratamos a la gente tratamos a Dios. Que sus acciones sean intachables. Realicen aquellas acciones que sean buenas, y ninguna otra: quizás este es el punto en el que más nos confundimos. Para mí significa que seamos felices y que ayudemos a que los demás sean felices. Que no les hagamos daño. No significa que hagamos lo que los demás quieren, o que realicemos acciones sólo para satisfacer a los demás, o para no causar incomodidad a nadie. La gente te criticará siempre, hagas lo que hagas; así que esa no puede ser la vara con la que mides tus acciones. Dicen bien que “no te preocupes por tu reputación, ocúpate de tu carácter”. Haz cosas que te hagan feliz, saludable y próspero. Haz cosas que hagan sonreír a los demás; cosas que los hagan sentirse bien, bendecir a la vida, bendecir a Dios y bendecirte a ti.

Buscamos completar en este texto la idea de que la educación verdadera trata de realizar el Ser. Que la educación debe atender a este fundamento de realización a la vez que faculta al individuo para mantener su vida y su bienestar. Que la educación nos ayuda a observar con profundidad, a extraer un tesoro de esa profundad y a otorgarlo al mundo exterior. Y que necesitará tanto el análisis y descubrimiento profundos de lo que hay de noble en nuestro interior como del estudio disciplinado de los conocimientos que convienen a nuestro desarrollo y del cultivo constante de lo que es deseable desarrollar. La disciplina protege lo que es importante para nosotros. Nos ayuda a dar, diligentemente, nuestro tiempo y energía a lo que es trascendente. Sin ella derrochamos nuestra vida. Pero asegúrate de que este guardián esté protegiendo las cosas importantes y no las banales. Un buen guardia custodia el santo grial, y no un puñado de paja; se distingue del resto no solamente por la fiereza de su brazo sino también por la nobleza de la causa que defiende.
Sé un ser humano educado. Sé un ser humano libre. Sé un ser humano feliz. Sé humano. Y sé divino.